
En cuanto te vi, me viste.
Me tomaste, me besaste.
Me desnudaste y cuando despertamos de la magia soñadora
de esa noche nuestros cuerpos estaban entrelazados
al conjunto con un par de sabanas desarregladas y mojadas.
Un café para despertar y una ilusión que acabaría junto
después de empezar.
Sin dolor, sin temor, sin llantos...
Solo una noche bastó para hacernos dueños de un cuerpo ajeno.
Solo una noche bastó para sentirnos bien.
y para perder interés, solo una noche bastó
RmQ*
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