Mi alma esta en libertad y es indomable..

Una mujer con aspiración, metas y muchas victorias en mente,
Una mujer que no se esta con rodeos, una mujer liberada y relajada,
Una mujer con un alma, un alma indomable.

Esta soy yo, podrás verme caer pero me levantare,
Te podré llorar pero luego me reiré, en tu cara, de ti.
Y aunque no lo creas, seré importante para ti
Incluso después de pisotearte. Yo seré la que gana,
Tú el pobre que pierde mientras me miras adorable,
Tú serás un miserable.

Al final demostraras mi teoría de que esta chica
Desprevenida, tiene un alma indomable.

RmQ*

jueves, 1 de marzo de 2012

Entre tus coordilleras

Estaba expectante, ansiosa, con esa disposición a lo imprevisto, sensación de libertad, de no saber qué sucederá mañana y sin embargo desearlo tanto.

Esas puertas mágicas que abren las vacaciones. Quería saborear cada detalle prolijamente desde el instante mismo de subirse al avión. Eran las ocho y aún estaba despejado, podría ver la cordillera alejarse desde mi ventana. Saqué mi libro. Al lado nadie, buen comienzo, pocos turistas en esta fecha. Al pasillo un hombre que me pareció tranquilo, camisa clara, pantalón de tela, bolso de laptop. Guardó su equipaje, me sonrió vagamente y se sentó.

Comienza el despegue. El nerviosismo típico de esos momentos, él hace una broma sobre el ascenso. Le sonrío aliviada y le miro por primera vez. Era guapo. Algo mayor respecto a mí, pero con un aire joven, ojos algo claros chispeantes y una barba rala, de chivo, que me mataba. Me entretenía analizarle: un ser ordenado, pelo corto y Oh! sorpresa, manos de basquetbolista! A saber, las de mayor estimación en mi lista de valoración de manos: grandes aunque sin exagerar, fuertes pero cuidadas, para nada toscas, finalizadas en unos dedos exquisitamente largos. Inevitablemente los imaginé hurgando en mis humedades al tiempo, creo, que cerraba los ojos. Acto reflejo le miré, como niña sorprendida en una travesura. Él me sonrió abiertamente, presentí que leía mi mente, me ruboricé, sonreí, no sabía qué decir.

¿Qué estás leyendo? Preguntó con un acento caribeño que casi me hace saltar del asiento. Claramente perturbada pero intentando ocultar mi fascinación le respondí que Cortázar, le mostré el título. ¿Te gustan los argentinos? Pregunta que interpreté con doble sentido y que mis mejillas acusaron. La confusión que salió de mi boca tampoco ayudaba. Estalló en una carcajada sincera. “Yo me refería a los escritores, pero ya veo, chiquita pero picarona…” reía de buena gana ¿Y los cubanos te gustan? Me acorralaba, le divertía verme avergonzada. Si, también, le dije, pero más los morenos. Me atreví. Jaja!, Pero no te creas todo lo que dicen, los blancos también somos muy buenos, tenemos nuestras cualidades, que crees… Sonreí brevemente, mire hacia la ventana. Hubo un silencio.

¿Se ve la cordillera? Si. Me Fascina la cordillera, es algo muy bonito, ver el sol saliendo desde allí, maravilloso. ¿Me dejas mirar? -Sí, respondo algo confundida - Se cambia de asiento, apoya su brazo en el mío y se inclina hacia la ventana. Su respiración cerca de la mía, ¿te enojaste? murmuró casi en mi oído. No, le respondí con un hilo de voz, acercándome a su boca, un beso breve, su mano resbaló a mi pecho, acaricio suavemente, se recostó hacia mi lado, me sentí envuelta en su cuerpo, recibí sus labios y su lengua invadiendo, penetrando mi boca, recorriendo las posibilidades y me dejé llevar. Murmuró un halago, pero ya no se refería a la cordillera.

La mano que exprimía mi pecho bajó buscando mi sexo, tanteando apenas con los dedos, circundando mi clítoris. Mis bocas se humedecían y redondeaban, deseosas. Sus manos una delicia buceando entre mis pantalones, escarbando, tanteando, introduciendo. Mi vientre se arqueó esperando recibirle. Mientras, las montañas se alejaban, daban paso a la noche, con su rostro irónico e insolente.

By Pourpre Poupée